El Gobierno de Colombia expresó su rechazo categórico ante la nueva escalada de violencia en Oriente Medio y exigió el cese inmediato de las hostilidades. En un pronunciamiento oficial, el país condenó el uso de la fuerza y advirtió que la intensificación del conflicto amenaza la estabilidad regional y global, así como la vida de la población civil.
Colombia señaló que no puede ser ajena a los acontecimientos que afectan el panorama internacional y reiteró que cualquier acción armada que profundice la inestabilidad representa un grave riesgo para comunidades que no participan en decisiones políticas ni militares, pero que sufren las consecuencias directas del enfrentamiento.
El pronunciamiento enfatizó que el uso de la fuerza solo incrementa el sufrimiento humano y perpetúa ciclos de violencia. Familias, niños, mujeres y trabajadores son quienes enfrentan el mayor impacto de la confrontación, en un escenario que agrava la crisis humanitaria y compromete derechos fundamentales.
En línea con declaraciones previas del presidente Gustavo Francisco Petro Urrego, el Gobierno colombiano invocó el respeto estricto al derecho internacional y al derecho internacional humanitario. Subrayó que la protección de la población civil constituye una obligación jurídica y moral que no puede ser ignorada por las partes en conflicto.
Asimismo, Colombia instó a la Organización de las Naciones Unidas a actuar con responsabilidad y prontitud ante la gravedad de la situación. El país recordó que el mandato principal del Consejo de Seguridad es preservar la paz y la seguridad internacional.
El Gobierno afirmó que la ONU no puede permanecer en silencio ni responder de manera tardía frente a una crisis que amenaza con expandirse. Señaló que la inacción o la falta de consenso solo profundizarían la tragedia y debilitarían la confianza en el sistema multilateral.
En ese contexto, Colombia hizo un llamado urgente a la comunidad internacional para que actúe con determinación y coordinación, evitando una escalada que podría tener consecuencias devastadoras para la región y el orden global.
Finalmente, el pronunciamiento reiteró que la guerra no puede ser el camino para resolver disputas y que la paz debe prevalecer como principio fundamental de la convivencia internacional.
