Bogotá inicia 2026 sin feminicidios tipificados, pero con alerta por aumento en riesgo extremo

 

Bogotá comenzó 2026 sin casos tipificados de feminicidio en enero, según cifras de la Fiscalía y la Secretaría Distrital de la Mujer. Sin embargo, la ausencia de registros formales no equivale a una ciudad libre de violencia machista. Detrás de la estadística aparece un dato que enciende las alarmas: las valoraciones por riesgo de feminicidio se triplicaron frente al mismo mes de 2025.

El feminicidio —tipificado como delito autónomo por la Ley 1761 de 2015— es la forma más extrema de violencia basada en género. Pero antes del asesinato hay señales, antecedentes, amenazas y agresiones que muchas veces quedan invisibles. En enero de 2026, el Instituto de Medicina Legal realizó 149 valoraciones de riesgo de violencia mortal por parte de pareja o expareja, frente a 63 el año anterior.

Las autoridades explican el incremento por una mayor capacidad instalada en Medicina Legal. Más profesionales permiten más valoraciones. Sin embargo, el aumento también revela una mayor demanda de atención por situaciones de alto riesgo. Detectar más no siempre significa que haya más violencia, pero sí que el sistema está encontrando casos que antes podían pasar inadvertidos.

Tres de cada diez valoraciones se concentraron en Kennedy, Ciudad Bolívar y Bosa. No es casualidad: estas localidades también registran altos niveles de atenciones por violencias basadas en género. El mapa territorial muestra que el riesgo no se distribuye de manera uniforme, sino que se concentra en zonas donde confluyen desigualdad, precariedad económica y conflictos familiares no resueltos.

En paralelo, los asesinatos con víctima mujer —categoría que incluye feminicidios y otros homicidios— pasaron de seis en enero de 2025 a cuatro en enero de 2026, una reducción del 33%. La cifra puede leerse como una disminución relativa, pero también como un recordatorio de que cada caso representa una vida truncada y una falla en las redes de protección.

La Secretaría Distrital de la Mujer reportó 13.869 atenciones en enero de 2026, de las cuales 10.609 estuvieron relacionadas con situaciones de violencia. Es decir, el 77% de las intervenciones correspondieron a agresiones físicas, psicológicas, económicas o amenazas. La magnitud confirma que la violencia no es un fenómeno aislado, sino estructural.

Un componente clave es la presencia en las cinco Unidades de Reacción Inmediata (URI) de la ciudad. Allí, equipos interdisciplinarios acompañan a mujeres en denuncias, audiencias preliminares y diligencias urgentes. El objetivo es evitar la revictimización y garantizar que las rutas judiciales se activen con enfoque de género, especialmente en momentos críticos.

El inicio de 2026 deja una paradoja: cero feminicidios tipificados, pero un aumento significativo en las alertas de riesgo. La ciudad no puede limitarse a celebrar la ausencia de casos en una estadística mensual. La prevención exige intervenir antes del crimen, fortalecer redes comunitarias y garantizar que las medidas de protección no se queden en el papel. La violencia machista no empieza con el asesinato; empieza mucho antes. Y ahí es donde la política pública debe llegar primero.

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