Bichectomía estética debe realizarse solo por indicación médica y no por tendencias virales, advierte especialista

 

El crecimiento de los procedimientos estéticos en los últimos años ha estado fuertemente influenciado por redes sociales, donde ciertos rasgos faciales se convierten en estándares de belleza replicados sin mayor contexto clínico. Rostros más angulados, mejillas hundidas y mandíbulas marcadas se posicionan como ideales virales, pese a que no siempre corresponden con la anatomía, edad o condiciones particulares de cada persona que considera una intervención.


Uno de los procedimientos más mencionados en este contexto es la bichectomía, cirugía que implica la resección parcial de las bolas de Bichat, depósitos de grasa profunda ubicados en las mejillas. Según el especialista Eduardo Cardona, se trata de un tratamiento válido, pero únicamente cuando existe una indicación médica clara, tras una valoración individual que contemple proporciones faciales, calidad de piel y proyección a largo plazo.


La bichectomía no es un procedimiento nuevo ni necesariamente negativo. En pacientes bien seleccionados —generalmente jóvenes, con rostros redondeados, buena firmeza cutánea y ausencia de flacidez— puede contribuir a lograr mayor armonía facial. Sin embargo, el especialista subraya que el problema surge cuando se realiza por moda y no por criterios clínicos, respondiendo a tendencias digitales más que a necesidades reales del paciente.


El auge del procedimiento en plataformas digitales ha impulsado a personas con rostros delgados, estructuras óseas marcadas o signos tempranos de envejecimiento a someterse a la cirugía sin ser candidatas adecuadas. En estos casos, las consecuencias no siempre se evidencian de inmediato, pero pueden aparecer de forma progresiva, alterando la apariencia facial con el paso del tiempo y dificultando posteriores correcciones estéticas.


Entre las complicaciones asociadas a una indicación inadecuada o a una resección excesiva se reportan hundimiento prematuro del tercio medio del rostro, apariencia envejecida, asimetrías faciales y pérdida de soporte estructural. También existen riesgos quirúrgicos, como lesión del nervio bucal o daño del conducto de Stensen, relacionado con la glándula parótida, que pueden generar secuelas funcionales además de cambios estéticos.


El especialista advierte que la grasa bucal cumple funciones estructurales y protectoras, especialmente a largo plazo. Su eliminación indiscriminada puede acelerar signos de envejecimiento y reducir el volumen que con los años se vuelve más difícil de recuperar. La tendencia actual en estética, explica, apunta a enfoques conservadores, priorizando la preservación de tejidos y la calidad de la piel sobre resecciones permanentes.


En este escenario, la educación del paciente adquiere un papel central. Comprender que no todos los procedimientos son adecuados para todas las personas resulta clave para evitar daños irreversibles. Las decisiones basadas exclusivamente en imágenes filtradas o tendencias virales pueden generar expectativas poco realistas y conducir a intervenciones que no consideran la evolución natural del rostro con la edad.


La responsabilidad recae tanto en profesionales como en pacientes. Evaluar de forma integral, informar con claridad y decidir con criterio médico permite reducir riesgos y obtener resultados más armónicos. La recomendación general es que cualquier procedimiento estético se base en indicaciones clínicas personalizadas, no en modas pasajeras, para proteger la salud y la apariencia a largo plazo.

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