Veinte años sonando al mundo: el Cartagena Festival de Música celebró su legado con 15.000 asistentes

 

Durante nueve días, Cartagena Festival de Música volvió a demostrar por qué es uno de los encuentros culturales más sólidos y respetados del país. En su vigésima edición, realizada del 4 al 12 de enero, el Festival reunió a 15.000 asistentes y convirtió a la ciudad amurallada en un escenario vivo donde la música fue memoria, presente y proyección. No fue solo una celebración artística: fue la confirmación de un proyecto cultural maduro, sostenido y con visión de futuro.


El cierre en la Plaza de la Aduana tuvo un valor simbólico y emocional. Allí, 2.000 personas acompañaron el concierto de clausura protagonizado por Paquito D'Rivera, junto a su quinteto y la Orquesta Sinfónica de Cartagena. Fue una noche en la que el jazz, la música académica y los ritmos latinoamericanos dialogaron sin fronteras, sellando una edición que entendió la música como un lenguaje universal capaz de convocar públicos diversos.


El eje conceptual de este año, El alma y el cuerpo, atravesó toda la programación. La selección de repertorios propuso un diálogo entre los grandes compositores del universalismo musical —Bach, Mozart, Beethoven, Schubert y Haydn— y las escuelas nacionalistas europeas y latinoamericanas. El Festival volvió a apostar por la conversación entre tradiciones, épocas y territorios, reafirmando su identidad curatorial.


Esa conversación también incluyó a América Latina y a Colombia con voz propia. Obras de Carlos Guastavino, Alberto Ginastera, Ernesto Lecuona, Adolfo Mejía y Luis Antonio Calvo ocuparon un lugar central, interpretadas por artistas de primer nivel. La programación confirmó que el Festival no mira la música latinoamericana como complemento, sino como parte esencial del relato artístico contemporáneo.


La excelencia interpretativa fue otro de los sellos de esta edición. Pasaron por Cartagena figuras como Maxim Vengerov, Xavier Maistre, Mariam Battistelli y pianistas de reconocimiento internacional, junto a orquestas y ensambles que elevaron el nivel artístico de cada presentación. A la par, se mantuvo una apuesta firme por la formación, con clases magistrales, clínicas de lutería y conferencias abiertas al público.


El talento colombiano volvió a ser protagonista. La Orquesta Sinfónica de Cartagena, bajo la dirección de Paola Ávila, encabezó el concierto de clausura; también brillaron Santiago Cañón-Valencia, la Filarmónica Joven de Colombia, el Giovanni Parra Quinteto y el Bogotá Piano Trío. El Festival reafirmó así su papel como plataforma para visibilizar la potencia interpretativa del país.


Esta vigésima edición también marcó un punto de transición. A partir de 2027, el multipremiado músico y productor Julio Reyes Copello asumirá la dirección artística. Su llegada anticipa una nueva etapa, con la promesa de ampliar audiencias y explorar cruces entre géneros, generaciones y lenguajes, sin perder la esencia que ha definido al Festival durante dos décadas.


Más allá del escenario, el impacto fue tangible. Con una inversión cercana a los 7.500 millones de pesos, más de 620 empleos generados y 1.400 noches de hotel, el Festival se consolidó como motor cultural, económico y turístico de Cartagena. A los 20 años, el Cartagena Festival de Música no solo celebra su historia: se proyecta como un legado vivo que sigue creciendo, sonando y dialogando con el mundo.

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