El inicio del calendario escolar en Colombia marca un periodo de mayor exposición a riesgos para niñas, niños y jóvenes. Con el regreso a las aulas aumentan los desplazamientos diarios, el uso de rutas escolares, las actividades físicas y la interacción social en entornos educativos. Esta dinámica, propia de la vida académica, también eleva la probabilidad de accidentes dentro y fuera de los colegios, por lo que autoridades, familias e instituciones refuerzan la atención sobre la seguridad estudiantil.
En Bogotá, las cifras reflejan esa tendencia. Según datos de la Secretaría de Educación Distrital, en 2025 se registraron 38.701 casos de accidentalidad escolar, lo que representó un aumento del 29,85 % frente al año anterior. Más de la mitad de los incidentes correspondieron a estudiantes entre 8 y 12 años, y una proporción mayor involucró a varones. La mayoría de los eventos estuvo asociada a caídas, golpes y fuerzas contundentes, situaciones frecuentes en espacios de recreación y actividad física.
Las localidades con mayor número de reportes fueron Bosa, Ciudad Bolívar, Kennedy y Usme, territorios con alta densidad estudiantil y amplias dinámicas escolares. Este panorama evidencia que el regreso a clases no solo implica retomar procesos pedagógicos, sino también gestionar entornos seguros. La accidentalidad escolar se consolida como un tema de salud pública y de gestión institucional, que demanda protocolos de prevención, seguimiento y atención oportuna ante emergencias.
Desde el sector asegurador, Seguros Mundial señaló que el inicio del año académico coincide con una etapa de alta exposición para estudiantes, por lo que insiste en fortalecer medidas de prevención y mecanismos de protección. La compañía reportó que, a través de su seguro de accidentes personales “Protegemos tus Pasos”, acompaña a más de 2.500 instituciones educativas y protege a cerca de 1,34 millones de estudiantes, gestionando miles de atenciones relacionadas con incidentes escolares.
Este tipo de pólizas cubre situaciones como muerte accidental, desmembración, incapacidad total y permanente, gastos médicos por accidente o enfermedad, auxilios funerarios y asistencia educativa en casos de fallecimiento de padres, además de servicios de telemedicina, ambulancia y atención odontológica por accidentes. La cobertura se extiende a eventos que ocurren tanto dentro como fuera del plantel, lo que responde a la movilidad constante de la comunidad estudiantil.
Más allá de los seguros, especialistas subrayan la importancia de consolidar una cultura de prevención compartida. Esto incluye revisión de infraestructura escolar, señalización de zonas de riesgo, acompañamiento en recreos, educación en autocuidado y coordinación con familias para trayectos seguros. La articulación entre directivos, docentes, personal administrativo y acudientes resulta clave para reducir incidentes y garantizar entornos protectores durante toda la jornada académica.
El inicio del año escolar se convierte así en un momento estratégico para actualizar protocolos internos y reforzar la gestión del riesgo en colegios. La combinación de prevención, educación y cobertura frente a eventualidades permite mitigar impactos y dar respuesta oportuna ante emergencias. En un contexto de alta movilidad y actividad estudiantil, la protección integral se consolida como un componente esencial de la agenda educativa y social.
