La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una fuerza que ya moldea decisiones económicas, políticas y sociales. Algoritmos que ordenan la información, sistemas que vigilan comportamientos y tecnologías que automatizan decisiones humanas forman parte de una realidad que avanza más rápido que las reglas destinadas a controlarla. En ese escenario, el Hay Festival Colombia 2026 decide poner la inteligencia artificial en el centro del debate ético y político.
El festival se aleja deliberadamente del entusiasmo acrítico que suele rodear a la tecnología. Aquí la pregunta no es qué tan sofisticados son los sistemas, sino quién los diseña, quién los controla y a quién benefician. La inteligencia artificial aparece como un nuevo campo de poder donde se concentran datos, capital y capacidad de influencia, muchas veces lejos del escrutinio ciudadano.
Las conversaciones propuestas abordan temas que rara vez ocupan el centro de los discursos tecnológicos: vigilancia masiva, privacidad, sesgos algorítmicos, concentración corporativa y erosión de derechos. La tecnología no es presentada como neutral ni inevitable, sino como una construcción política que reproduce desigualdades preexistentes y crea otras nuevas.
En este marco, voces como las de Carissa Véliz y Karen Hao aportan una mirada incómoda pero necesaria. Desde la ética, el periodismo y la investigación, cuestionan el modelo actual de desarrollo tecnológico y advierten sobre los riesgos de delegar decisiones humanas a sistemas opacos, diseñados bajo lógicas de mercado y eficiencia, no de derechos.
El Hay Festival plantea que el verdadero debate sobre inteligencia artificial no es técnico, sino profundamente humano. ¿Qué ocurre cuando los datos personales se convierten en materia prima? ¿Cómo se redefine la noción de responsabilidad cuando una decisión es tomada por un algoritmo? ¿Qué tipo de sociedad se construye cuando la automatización reemplaza el juicio crítico?
Colombia y América Latina entran a este debate desde una posición particular. No son los centros donde se desarrollan las grandes plataformas tecnológicas, pero sí territorios donde se implementan sus efectos. Pensar la inteligencia artificial desde el sur implica preguntarse por dependencia tecnológica, soberanía digital y brechas de poder entre quienes producen tecnología y quienes la consumen.
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, el Hay Festival propone un espacio para recuperar algo esencial: la capacidad de cuestionar el rumbo del progreso. En tiempos donde la innovación suele presentarse como un destino inevitable, detenerse a pensar sus implicaciones éticas se convierte en un acto político.
Al abrir este debate, el Hay Festival Colombia 2026 envía un mensaje claro: el futuro no puede quedar exclusivamente en manos de la tecnología ni de quienes la controlan. Pensarlo colectivamente, desde la cultura y el pensamiento crítico, es una forma de reclamar el derecho a decidir cómo queremos vivir en el mundo que viene.
