Por qué el estreñimiento se normaliza y cuándo dejar de ignorarlo

 

El estreñimiento es uno de los trastornos digestivos más frecuentes y, paradójicamente, uno de los más subestimados. Aunque ir al baño debería ser un proceso sencillo y cotidiano, para muchas personas se convierte en una fuente persistente de incomodidad que rara vez se consulta. Las estimaciones médicas indican que cerca del 12 % de la población mundial padece estreñimiento funcional, una condición de alta prevalencia que aún permanece rodeada de silencios y tabúes.

Uno de los principales problemas es la normalización del malestar. “Muchas personas terminan adaptándose a vivir con el estreñimiento porque no siempre limita de forma aguda su calidad de vida y porque hablar del tema resulta incómodo”, explica la doctora Andrea Velásquez, gastroenteróloga adscrita a Colsanitas. Esta percepción retrasa la consulta médica y puede impedir la identificación temprana de causas que requieren atención especializada.

Desde el punto de vista clínico, el estreñimiento no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma. Puede estar asociado a múltiples condiciones, que van desde alteraciones metabólicas y neurológicas hasta obstrucciones o lesiones del tracto digestivo. Cuando no se identifica una causa estructural, se habla de estreñimiento funcional, un diagnóstico que solo se establece tras descartar otras patologías mediante estudios médicos.

Contrario a lo que suele creerse, el estreñimiento no se define únicamente por la frecuencia de las evacuaciones. También influyen otros criterios como el esfuerzo excesivo al evacuar, la consistencia dura de las heces, la sensación persistente de evacuación incompleta o la necesidad de realizar maniobras para poder ir al baño. Estos síntomas, cuando son recurrentes, deben considerarse señales de alerta.

En los casos funcionales, los hábitos de vida juegan un papel determinante. Una dieta pobre en fibra, el consumo elevado de alimentos ultraprocesados, la alteración de la microbiota intestinal, el sedentarismo y la costumbre de ignorar el deseo de evacuar contribuyen de forma directa a la aparición del problema. “Aguantar repetidamente este reflejo natural hace que se pierda sensibilidad intestinal y que el estreñimiento se vuelva crónico”, advierte la especialista.

Otro factor de riesgo es la automedicación. El uso frecuente de laxantes sin supervisión médica puede generar dependencia y empeorar la función intestinal a largo plazo. Por ello, los expertos insisten en que normalizar el malestar o tratarlo sin orientación profesional puede retrasar soluciones efectivas y seguras.

La recomendación principal es consultar oportunamente al gastroenterólogo. Esta valoración permite descartar enfermedades de mayor gravedad y establecer un manejo adecuado según cada caso. En el estreñimiento funcional, los cambios en el estilo de vida suelen ser la base del tratamiento: aumentar el consumo de fibra, mejorar la hidratación, realizar actividad física regular y respetar los horarios naturales de evacuación.

Hablar de estreñimiento puede resultar incómodo, pero hacerlo es un paso clave para recuperar el bienestar digestivo. Reconocer que no es “normal” vivir con malestar constante permite acceder a diagnósticos oportunos, tratamientos eficaces y una mejor calidad de vida.

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