La novela negra atraviesa un momento de auge global y Colombia no es ajena a esa tendencia. Con una participación que oscila entre el 17 % y el 29 % de las ventas de ficción adulta y un crecimiento que supera al de la narrativa general, el género se ha convertido en un espacio privilegiado para explorar las zonas más oscuras de la condición humana. En ese contexto aparece Neblina negra, el debut novelístico de Fermín Beltrán Barragán, publicado por Editorial Planeta.
Lejos de los esquemas clásicos del thriller, la novela se abre con un crimen cuyo autor se conoce desde el inicio. Patrocinio Reyes, concejal de un pequeño pueblo andino, es asesinado por su propio sobrino. No hay enigma policial que resolver ni persecuciones frenéticas: el interés del relato se desplaza hacia las causas emocionales y colectivas que desembocan en la tragedia.
Beltrán propone una mirada distinta sobre la violencia, entendida no como un acto aislado sino como el resultado de vínculos rotos, silencios prolongados y culpas heredadas. El autor nombra ese territorio emocional como “la neblina”: un espacio difuso donde se mezclan heridas del pasado, tensiones familiares y afectos mal resueltos que terminan condicionando las decisiones más extremas.
La estructura de la obra refuerza esa sensación de incertidumbre. Compuesta por veinte capítulos autónomos, la novela permite una lectura lineal o fragmentada, como si cada sección fuera una ventana distinta hacia el mismo hecho. Este recurso narrativo invita al lector a reconstruir el crimen desde múltiples perspectivas, profundizando más en la experiencia emocional que en la acción misma.
En ese juego de voces y miradas, Neblina negra se convierte en una exploración íntima del dolor compartido. La comunidad no aparece solo como escenario, sino como un personaje colectivo que participa, consciente o inconscientemente, en la gestación del crimen. La violencia, sugiere la novela, es también un fenómeno social que se reproduce en el silencio.
El estilo de Beltrán combina una prosa de fuerte carga poética con la tensión propia del género negro. Su escritura avanza con ritmo contenido, dejando que las emociones respiren y se asienten, sin renunciar al pulso narrativo que mantiene al lector atento. El resultado es una obra que conmueve más por lo que insinúa que por lo que muestra.
Antes de esta novela, el autor había publicado Una diosa con el poder del olvido, un libro de cuentos que circuló por escenarios como la Feria Internacional del Libro de Bogotá y otros encuentros literarios. Con Neblina negra, su apuesta se consolida y dialoga con una generación de escritores que están renovando la narrativa colombiana desde lo íntimo y lo regional.
Perfil del autor: Fermín Beltrán Barragán. Nació en Santa María, Huila, y su formación literaria está marcada por la oralidad campesina y los paisajes andinos de su infancia. Lector precoz y narrador atento a las emociones humanas, ha construido una obra que transita entre la memoria, la violencia y la sensibilidad poética. Con Neblina negra, Beltrán entrega una novela que empieza a ocupar un lugar propio dentro de la literatura colombiana contemporánea.
