La siniestralidad laboral sigue siendo una herida abierta para la productividad y la sostenibilidad industrial del país. En el primer trimestre de 2025 se registraron 127.065 accidentes laborales, un promedio de 1.412 incidentes diarios, además de más de 2.700 enfermedades laborales calificadas. A ello se suman 89 muertes asociadas al trabajo en ese mismo periodo, casi una por día. Las cifras, reportadas por el Observatorio de Seguridad y Salud en el Trabajo, evidencian la urgencia de transformar la prevención y pasar de reaccionar a anticiparse.
Ese escenario ha acelerado un cambio de paradigma. Las empresas comienzan a migrar de modelos basados solo en procedimientos y controles físicos hacia esquemas predictivos apoyados en tecnología. La inteligencia artificial, los simuladores digitales y el monitoreo en tiempo real emergen como una nueva línea de defensa frente a riesgos complejos. No se trata de reemplazar la experiencia humana, sino de potenciarla con datos, alertas tempranas y análisis continuo. La prevención deja de ser un checklist y se convierte en un sistema vivo que aprende del entorno operativo.
En este enfoque, la inteligencia artificial ocupa un lugar central. Al analizar grandes volúmenes de datos históricos y operativos, los modelos predictivos identifican patrones que suelen anteceder a los incidentes. Desviaciones mínimas, fallas recurrentes o combinaciones de variables que antes pasaban desapercibidas hoy pueden activar medidas preventivas antes de que el riesgo se materialice. “La IA permite decisiones basadas en evidencia y no solo en la intuición”, explica Carolina López Pérez, gerente técnica para Latinoamérica de SACS Group.
De forma complementaria, los sistemas de monitoreo digital fortalecen la respuesta en tiempo real. Sensores, plataformas IoT y tableros de control recopilan información constante sobre equipos, condiciones operativas y ciclos de mantenimiento. Cuando aparecen anomalías, se activan alertas automáticas y protocolos de seguridad que reducen la probabilidad de incidentes mayores. Esta vigilancia continua cambia la lógica de la seguridad: ya no se espera a que algo falle, se detecta cuando empieza a salirse del rango normal.
El ecosistema tecnológico se completa con simuladores avanzados y gemelos digitales. Estas herramientas permiten recrear escenarios complejos y situaciones de emergencia sin exponer a los trabajadores a peligros reales. El entrenamiento se vuelve más realista, medible y repetible. Además, facilitan evaluar respuestas, optimizar procesos y anticipar condiciones críticas antes de que escalen. La simulación deja de ser un ejercicio teórico y se convierte en un laboratorio de prevención donde cada error se corrige sin consecuencias humanas.
Los resultados ya son visibles en sectores de alto riesgo como manufactura, energía, petroquímica y construcción. Las organizaciones que han adoptado estas tecnologías reportan reducción de accidentes, mayor continuidad operativa y procesos más eficientes. Al mismo tiempo, se redefine el rol del talento humano. El trabajador pasa de ejecutar tareas repetitivas a supervisar sistemas inteligentes, interpretar datos y tomar decisiones informadas. La seguridad industrial se vuelve una función estratégica y transversal al negocio.
“Estas tecnologías no solo optimizan la operación, sino que salvan vidas”, enfatiza López Pérez. Actuar antes de que ocurra un accidente cambia por completo la ecuación del riesgo. La prevención inteligente deja de ser una aspiración y se convierte en la única vía para modificar cifras que durante años parecieron inamovibles. La combinación de IA, monitoreo y simulación demuestra que es posible reducir la siniestralidad cuando la tecnología se integra con criterio y responsabilidad.
Hacia adelante, los expertos anticipan una mayor integración de IA, big data y gemelos digitales en los programas de seguridad, especialmente en contextos donde los riesgos industriales se combinan con amenazas naturales. Invertir en tecnología 4.0 deja de ser una decisión operativa y pasa a ser estratégica. En ese camino, compañías como SACS Group, con alianzas académicas como la Texas A&M University, muestran que la prevención basada en conocimiento y tecnología puede proteger vidas, activos y la sostenibilidad del negocio.
