Estudiantes colombianos monitorean el río Bogotá y revelan datos clave sobre su recuperación

 


El Río Bogotá es una de las arterias hídricas más importantes de la sabana y un eje estratégico para el equilibrio ambiental, social y económico de la región. A lo largo de su recorrido sostiene ecosistemas, actividades productivas y la vida de millones de personas. Su estado de salud impacta directamente la seguridad hídrica, la biodiversidad y la calidad de vida de las comunidades que dependen de él.


Durante décadas, el río ha enfrentado graves afectaciones por vertimientos domésticos e industriales, residuos sólidos y compuestos tóxicos. Estas presiones han deteriorado su calidad, poniendo en riesgo ecosistemas y poblaciones ribereñas. Recuperarlo no solo es un desafío ambiental, sino una condición necesaria para el bienestar colectivo y la sostenibilidad del territorio.


En este contexto, los jóvenes se han convertido en actores clave. Su participación temprana en procesos de monitoreo y análisis ambiental fortalece la conciencia ecológica y los prepara como agentes de cambio. Los colegios, en este escenario, cumplen un rol decisivo al promover experiencias educativas que conectan el aprendizaje con el territorio.


Así lo señala Hugo Cely, director del proyecto del Río Bogotá del Colegio Hacienda Los Alcaparros, quien destaca que el aprendizaje activo permite a los estudiantes comprender de manera directa el impacto de sus acciones sobre el entorno. Explorar, medir y preguntar transforma la relación de los jóvenes con el agua.


Con ese enfoque nació el proyecto “Un viaje a través de la cuenca del río Bogotá”, una iniciativa en la que los estudiantes monitorean la calidad del agua, analizan fuentes de contaminación y registran cambios en la cuenca. Los resultados han sido socializados en ferias científicas, simposios y espacios regionales, aportando datos y reflexión a la ciudadanía.


En enero, el proyecto entra en una nueva fase con visitas a plantas de tratamiento de aguas residuales. Allí, los estudiantes observarán procesos químicos y biológicos de depuración y contrastarán esa información con los datos recolectados en campo, conectando el estado del río con las infraestructuras diseñadas para su recuperación.


A lo largo de los 380 kilómetros del río, desde la cuenca alta hasta la baja, los jóvenes analizan cómo influyen el uso del suelo, la actividad industrial, el clima y la interacción comunitaria. Realizan mediciones fisicoquímicas del agua y el aire, visitan humedales y evalúan puntos críticos, construyendo un panorama integral del impacto ambiental sobre más de 12 millones de habitantes.


Desde su creación en 2015, el proyecto ha integrado dimensiones ambientales, sociales e históricas. En diez años, 158 estudiantes han participado en los recorridos, entrevistas y registros, creando una base de datos única sobre la evolución del río. Su trabajo demuestra que la recuperación del Río Bogotá es un compromiso colectivo y que la educación puede ser una herramienta poderosa para transformar realidades ambientales.

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