Estados Unidos dio un giro histórico a sus recomendaciones nutricionales al anunciar la reforma de su pirámide alimentaria, una decisión que reaviva el debate global sobre cómo y qué estamos comiendo. La nueva guía, publicada este jueves, promueve una alimentación más natural y alerta de forma directa sobre los riesgos del consumo excesivo de alimentos ultraprocesados. El cambio marca un punto de inflexión en la política pública de nutrición del país y redefine prioridades que durante décadas privilegiaron productos bajos en grasa y altamente industrializados.
El anuncio coincide con las advertencias que la nutricionista Adriana Martín viene realizando desde hace años en medios internacionales. Un día antes de conocerse la nueva guía, Martín insistía en la televisión hispana en la necesidad de volver a una alimentación basada en lo que denomina la “dieta del Creador”: caza, pesca y recolección. Para la experta, este enfoque conecta con prácticas milenarias y con una relación más consciente entre el ser humano y los alimentos.
“Si no lo puedes cazar, pescar o recolectar, no te lo deberías comer”, explicó Martín en un canal nacional, al advertir que muchos de los productos que dominan hoy la dieta moderna no son alimentos en sentido estricto, sino creaciones industriales. Su mensaje, centrado en priorizar lo natural y reducir lo procesado, encontró eco en la nueva pirámide alimentaria presentada por Estados Unidos.
La guía reformada reorganiza la pirámide tradicional y coloca en la parte superior a la carne, los lácteos enteros y el queso, acompañados por frutas y verduras frescas. Este rediseño simboliza un cambio profundo en la manera de entender la nutrición, al reconocer el valor de las proteínas animales y de las grasas naturales frente a décadas de recomendaciones enfocadas en productos light o bajos en grasa.
Uno de los puntos más llamativos es que las nuevas guías duplican la porción diaria de proteínas recomendadas y fomentan el consumo de lácteos enteros, en lugar de sus versiones descremadas. Según los expertos, esta modificación responde a una revisión de la evidencia científica sobre saciedad, metabolismo y salud muscular, especialmente en poblaciones adultas y envejecidas.
La reforma también contempla alternativas para quienes siguen dietas vegetarianas o veganas. En estos casos, se enfatiza la importancia de consumir una amplia variedad de legumbres, granos y verduras de distintos colores, con el fin de asegurar el aporte de aminoácidos esenciales. La guía reconoce la diversidad de estilos de vida, pero insiste en la necesidad de planificación nutricional consciente.
Otro eje central del nuevo modelo es la advertencia explícita contra los azúcares añadidos, las bebidas gaseosas y los ultraprocesados como galletas, snacks y frituras. Estos productos, señala la guía, están asociados a enfermedades metabólicas, inflamación crónica y deterioro de la salud a largo plazo, por lo que su consumo debe ser mínimo y ocasional.
En coherencia con esta visión, Adriana Martín reiteró su conocida regla 80-20: una alimentación basada en un 80 % de alimentos naturales y un 20 % de productos procesados. Para la nutricionista, la reforma estadounidense valida un enfoque que busca equilibrio, sentido común y conexión con lo esencial.
Con esta actualización, Estados Unidos no solo redefine su pirámide alimentaria, sino que envía un mensaje global sobre la urgencia de repensar la nutrición desde lo natural, lo cultural y lo preventivo. Un debate que, cada vez más, deja de ser tendencia para convertirse en política pública.
