La sangre no se fabrica ni tiene reemplazo artificial, por eso la donación es un acto vital para garantizar la atención de emergencias, cirugías, partos complicados, tratamientos oncológicos y pacientes con enfermedades crónicas o traumas graves. Sin donantes voluntarios no hay transfusiones posibles, y sin transfusiones el sistema de salud pierde una de sus herramientas médicas más cruciales para salvar vidas todos los días en hospitales y clínicas.
Una sola donación puede beneficiar hasta tres personas gracias a la separación de componentes sanguíneos. En 2024, Colombia registró 997.115 donaciones aceptadas, que permitieron realizar más de 1,4 millones de transfusiones a 407.480 pacientes. Sin embargo, los inventarios nacionales apenas cubren tres días de actividad transfusional, una cifra que evidencia la fragilidad del sistema ante emergencias, desastres o aumentos inesperados en la demanda hospitalaria.
Aunque las cifras muestran la necesidad constante, persisten mitos que frenan la decisión de donar. Algunas personas temen anemia, debilidad o infecciones, pero el proceso es seguro y regulado. El doctor José Arnulfo Pérez-Carrillo, director médico del Banco de Sangre de Clínica Colsanitas, señala que solo el 0,7 % de las donaciones aceptadas presenta síntomas leves como mareos o sudoración, sin consecuencias graves.
Los bancos de sangre enfrentan mayores dificultades en temporadas específicas como comienzos, mitad y final de año, así como en Semana Santa. Las vacaciones, festividades y desplazamientos reducen el número de donantes disponibles. Para anticipar estas caídas, entidades como el Banco de Sangre de Clínica Colsanitas participan en campañas distritales y en iniciativas regionales como “Latinoamérica Dona Unida”, que coordina jornadas simultáneas en más de diecisiete países.
Otro reto constante son los grupos sanguíneos menos frecuentes en la población, como O negativo y AB negativo. Estos tipos son difíciles de encontrar, pero altamente necesarios en situaciones críticas. El O negativo, presente solo en el cinco por ciento de las personas, puede transfundirse a cualquier paciente, aunque quienes lo poseen solo pueden recibir del mismo grupo, lo que incrementa su valor estratégico.
Para ser donante se requiere tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilogramos, gozar de buena salud y no presentar enfermedades transmisibles ni conductas de riesgo recientes. Cada persona es evaluada mediante entrevista clínica y exámenes básicos. La sangre total puede donarse cada tres meses en hombres y cada cuatro meses en mujeres, siempre bajo supervisión médica especializada.
Donar sangre es un acto voluntario, seguro y trascendental. Una donación puede parecer un gesto pequeño, pero marca una diferencia enorme para quien la necesita. Permite continuar tratamientos, enfrentar urgencias o salvar vidas. Convertirse en donante habitual no solo es un acto de generosidad, también es una forma de sostener el sistema de salud y proteger, de manera silenciosa, a miles de personas.
Fortalecer la cultura de donación regular es clave para garantizar disponibilidad permanente. Las autoridades sanitarias y bancos de sangre insisten en que no se debe esperar a una emergencia cercana para donar. Mantener inventarios estables depende de la participación constante de ciudadanos informados. Donar sangre es, en esencia, una responsabilidad colectiva que conecta solidaridad, salud pública y el derecho a recibir atención oportuna.
