Cómo activar el “ejército intestinal” y proteger la salud después de las vacaciones

 


El cambio de año suele venir acompañado de celebraciones, viajes y modificaciones en la rutina diaria que impactan directamente en el sistema digestivo. Comidas a deshoras, mayor consumo de alcohol, alimentos más pesados y la exposición a agua y dietas distintas pueden generar molestias gastrointestinales frecuentes en esta temporada. Por eso, además de disfrutar los encuentros, resulta clave prestar atención a la salud intestinal para evitar que los excesos pasen factura al bienestar general.


Uno de los sistemas más sensibles a estos cambios es la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habita en el cuerpo y cumple funciones esenciales para la digestión y la inmunidad. Durante las vacaciones, el aumento en azúcares, carbohidratos y grasas, sumado a los desplazamientos, puede alterar este equilibrio. Cuando esto ocurre, el organismo responde con síntomas como distensión abdominal, gases, estreñimiento o diarrea.


Según Ramiro Cubillos, gerente médico de La Santé, en esta época es común que las consultas por malestares digestivos se incrementen. “Las comidas pesadas, los horarios irregulares y el alcohol irritan el intestino. Esto altera la microbiota y puede desencadenar síntomas que afectan la calidad de vida”, explica el especialista, quien subraya la importancia de prevenir antes de tratar.


El equilibrio de la microbiota cumple además un rol clave como barrera de protección. De acuerdo con Cubillos, este sistema funciona como un “blindaje inmunológico” con origen gastrointestinal, capaz de dar respuesta parcial frente a microorganismos hostiles y de influir positivamente en los hábitos y funciones digestivas. Cuando ese blindaje se debilita, el cuerpo queda más expuesto a infecciones y desórdenes funcionales.


Existen señales de alerta que indican la necesidad de fortalecer la salud intestinal tras la temporada de excesos. Entre ellas se encuentran el dolor o la distensión abdominal, cambios en el color, olor o consistencia de las heces, aumento de gases, alteraciones en la regularidad intestinal y el uso reciente de antibióticos, antiinflamatorios o antiácidos. Reconocer estos signos a tiempo permite actuar de manera preventiva.


En este contexto, los probióticos se convierten en un apoyo relevante, aunque no sustituyen la valoración médica ni son una solución única. Muchas personas encuentran alivio en su consumo para prevenir o reducir molestias como diarrea, estreñimiento o reflujo, especialmente cuando la alimentación cambia de forma brusca. Su utilidad depende de la cepa y del objetivo terapéutico.


“El punto clave es entender que no todos los probióticos sirven para lo mismo”, aclara Cubillos. Cepas como Saccharomyces boulardii han sido estudiadas para el manejo de diarreas asociadas al uso de antibióticos, mientras que Bacillus clausii se utiliza con frecuencia para ayudar a recuperar el equilibrio gastrointestinal. La elección debe ser informada y acorde a cada caso.


Organismos como la Organización Mundial de Gastroenterología respaldan el uso complementario de ciertos probióticos, al señalar que algunas cepas han demostrado beneficios en el manejo de diarreas agudas y desórdenes gastrointestinales funcionales. Siempre, eso sí, como parte de un enfoque integral que incluya hábitos saludables.


Para disfrutar la temporada sin malestar, los especialistas recomiendan moderar el consumo de alcohol y comidas muy condimentadas, mantener horarios relativamente estables, evitar la automedicación, hidratarse adecuadamente e incorporar probióticos cuando existan antecedentes digestivos. Con medidas conscientes y cuidado de la microbiota, es posible iniciar el nuevo año con equilibrio y bienestar intestinal.

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