El Festival de Música de Cartagena invita al público a un viaje profundo por el corazón del Clasicismo, una travesía sonora donde la genialidad de Wolfgang Amadeus Mozart, Joseph Haydn y Ludwig van Beethoven se revela en toda su riqueza expresiva. Cartagena se convierte así en un escenario vivo donde la música no solo se escucha, sino que se comprende, se siente y se redescubre desde múltiples miradas.
La jornada abre con una conferencia–concierto de Giovanni Bietti, quien guía al público por los pilares del estilo clásico, explicando cómo estos tres compositores transformaron para siempre el lenguaje musical del siglo XVIII. No se trata solo de historia, sino de entender cómo la forma, el equilibrio y la emoción siguen dialogando con nuestro presente, incluso siglos después de haber sido concebidos.
El piano toma luego el protagonismo con el virtuosismo de Elisabeth Brauß, quien interpreta a Mozart, Beethoven y Haydn desde una sensibilidad que une ligereza y profundidad. Cada obra se despliega como un relato íntimo, capaz de cruzar épocas y culturas, confirmando por qué la música del Clasicismo sigue siendo un lenguaje universal que habla directamente al alma.
Por la tarde, el foco se traslada al Beethoven más cosmopolita, ese compositor curioso y abierto al mundo que reinterpretó el folclor europeo. Artem Kuznetsov, junto al Cuarteto de Cuerdas Indaco y VOCES8 Scholars, da vida a las Canciones Escocesas, op. 108, en un concierto donde la música popular se eleva a una experiencia refinada y profundamente humana.
Las noches de Cartagena encuentran su punto culminante en el Teatro Adolfo Mejía, donde la Orquesta de Cámara Franz Liszt y solistas de renombre hacen dialogar a Mozart y Beethoven en un mismo escenario. La elegancia transparente del Concierto para flauta y arpa KV 299 contrasta con la intensidad dramática del Concierto para piano n.º 3 de Beethoven, demostrando que el Clasicismo es diversidad dentro del orden.
Más allá de los conciertos, el Festival propone una experiencia integral que combina reflexión, descubrimiento y emoción. Cada encuentro revela nuevas facetas de estos compositores, desde la arquitectura perfecta de la forma sonata hasta la fuerza expresiva que anticipa los caminos del Romanticismo, todo enmarcado por la atmósfera única de la ciudad amurallada.
El público no solo asiste a interpretaciones de alto nivel, sino que participa de un diálogo cultural que conecta pasado y presente. Cartagena, con su historia y su belleza, potencia esta experiencia y reafirma su lugar como uno de los grandes escenarios musicales de América Latina durante el inicio del año.
Así, el Festival de Música de Cartagena confirma que el Clasicismo no es un museo sonoro, sino un territorio vivo. Un espacio donde Mozart, Haydn y Beethoven siguen conversando entre razón y sentimiento, ofreciendo una experiencia de belleza, intensidad y profundidad que permanece mucho después de que se apagan las últimas notas.
