El Blue Monday, identificado como el tercer lunes de enero y asociado culturalmente con el día más triste del año, vuelve a poner sobre la mesa la relación entre emociones y tecnología. En América Latina, una parte creciente de la población recurre a herramientas digitales para expresarse en momentos de desánimo. Según un estudio reciente, la inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar inesperado como canal de desahogo emocional. Esta tendencia, aunque comprensible en un entorno hiperconectado, abre un debate relevante sobre privacidad, autocuidado digital y los límites entre acompañamiento tecnológico y bienestar emocional responsable en la vida cotidiana.
De acuerdo con una investigación de Kaspersky, el 21 % de los latinoamericanos que utiliza herramientas de inteligencia artificial afirma hablar con chatbots cuando se siente triste o decaído. Esta práctica tiende a intensificarse en fechas como el Blue Monday, cuando confluyen factores como el regreso a la rutina, el impacto económico de fin de año y condiciones climáticas adversas. La inmediatez de las plataformas digitales, su disponibilidad permanente y la percepción de ausencia de juicio explican por qué muchas personas encuentran en estos sistemas un espacio aparentemente seguro para expresarse emocionalmente.
El fenómeno refleja un cambio profundo en la forma en que las personas gestionan sus emociones en el entorno digital. Hablar con un chatbot puede resultar más sencillo que hacerlo con otra persona, especialmente cuando se busca confidencialidad o respuestas rápidas. Sin embargo, esta confianza puede llevar a compartir información sensible sin una evaluación adecuada de los riesgos. Estados de ánimo, situaciones personales y datos íntimos pasan a formar parte de conversaciones que, aunque parecen privadas, se desarrollan dentro de plataformas tecnológicas con lógicas comerciales y de procesamiento de datos.
La tendencia es aún más marcada entre las generaciones más jóvenes. A nivel global, la generación Z y los millennials lideran el uso de herramientas de inteligencia artificial como apoyo emocional: el 35 % afirma recurrir a estas tecnologías en momentos de malestar, frente al 19 % de las personas mayores de 55 años. Este comportamiento evidencia una transformación cultural en la relación con la tecnología, donde las plataformas digitales se integran no solo a la productividad o el entretenimiento, sino también a la gestión emocional, sin que siempre se dimensionen sus implicaciones.
Uno de los principales riesgos señalados por los expertos tiene que ver con la privacidad. La mayoría de los chatbots pertenece a empresas comerciales que recopilan y almacenan información para distintos fines, como mejorar servicios, entrenar modelos de inteligencia artificial o personalizar experiencias. Esto significa que las conversaciones pueden ser analizadas, conservadas o eventualmente expuestas en caso de incidentes de ciberseguridad. La percepción de intimidad no siempre coincide con la realidad técnica de estas plataformas, lo que incrementa la vulnerabilidad de los usuarios.
María Isabel Manjarrez, investigadora de seguridad del Equipo Global de Investigación y Análisis de Kaspersky, advierte que interactuar con chatbots sin cautela puede derivar en filtraciones de información sensible. Las fallas de seguridad o la existencia de bots falsos diseñados para obtener datos personales con fines maliciosos representan riesgos reales, como fraudes, robo de identidad o extorsión. Además, subraya que la información proporcionada por la inteligencia artificial no siempre es precisa ni sustituye el acompañamiento profesional, especialmente cuando se trata de emociones y bienestar personal.
Ante este panorama, los expertos recomiendan asumir la seguridad digital como parte del autocuidado. Revisar las políticas de privacidad antes de iniciar una conversación, limitar la información personal compartida y desconfiar de plataformas desconocidas son pasos esenciales. Datos como nombres completos, direcciones, contraseñas o información financiera no deberían compartirse en este tipo de interacciones. Asimismo, es clave contrastar la información recibida y buscar apoyo profesional cuando sea necesario, especialmente en temas relacionados con la salud emocional.
El Blue Monday se convierte así en una oportunidad para reflexionar sobre cómo usamos la tecnología en momentos de vulnerabilidad. La inteligencia artificial puede ofrecer acompañamiento básico o información general, pero no reemplaza redes de apoyo humano ni atención especializada. Proteger los datos personales, entender los límites de estas herramientas y mantener una relación consciente con el entorno digital resulta fundamental. En un contexto donde las emociones también transitan por lo virtual, el autocuidado incluye tanto la salud mental como la seguridad de la vida digital.
