El bajista Andrés Sierra, reconocido por su trabajo con Oh'laville y por su presencia constante en la escena independiente, presenta Menhir, su primera producción firmada con nombre propio. El álbum marca un punto de inflexión en su trayectoria, no solo por tratarse de un proyecto solista, sino por la intención conceptual que lo atraviesa: construir una obra que dialogue con su recorrido musical y con una búsqueda artística más personal y reflexiva.
El proceso de creación se extendió por cerca de dos años, tiempo en el que el músico escribió, maquetó y depuró ideas hasta consolidar una obra coherente en sonido y sentido. Esa pausa deliberada contrasta con la velocidad habitual de la industria actual y se refleja en un disco que privilegia la forma, la intención y la narrativa musical. Menhir no surge como un experimento aislado, sino como una síntesis madura de años de trabajo colectivo y exploración sonora.
Aunque se trata de un álbum instrumental, su construcción responde a la lógica de la canción más que a la exhibición del virtuosismo técnico. El bajo eléctrico ocupa el centro del lenguaje sonoro, pero las piezas están organizadas en secciones que el propio Sierra entiende como “versos” y “coros”. Esta manera de componer se relaciona con su experiencia arreglando y escribiendo en formatos de banda, donde la estructura y la emoción pesan tanto como la destreza instrumental.
El proyecto también plantea una postura frente a la circulación de la música. Menhir no se lanza inicialmente en las plataformas de streaming más populares, sino que opta por canales alternativos como SoundCloud, Bandcamp y YouTube. La decisión busca propiciar una relación distinta con la escucha, menos acelerada y más consciente, donde la obra conserve contexto y profundidad, en lugar de diluirse en el flujo constante de contenidos que caracteriza al ecosistema digital.
Esa posición se conecta con la idea de que la música tiene un valor cultural que precede a su dimensión comercial. Para Sierra, la obra artística también cumple una función identitaria y social, y por eso la forma de publicarla hace parte del mensaje. El álbum se convierte así en una declaración sobre cómo habitar la industria sin renunciar a una ética del oficio, defendiendo la paciencia, el detalle y la escucha atenta como principios fundamentales.
El nombre Menhir refuerza ese sentido simbólico. Un menhir es una piedra erguida que funciona como señal en el paisaje, un punto de referencia que permanece en el tiempo. En la carrera del músico, este trabajo opera como ese hito: una obra que marca una postura estética clara y delimita un territorio sonoro propio. Más que un lanzamiento puntual, el disco se plantea como una referencia dentro de su trayectoria y dentro de su forma de entender la música.
La grabación se realizó en bloque en Audiovisión junto al baterista Carlos Gómez y el percusionista Rafael Lozina, en un formato de bajo, batería y percusión poco habitual. Las piezas fueron registradas en tomas completas, sin clic y con mínima edición, bajo la ingeniería de David Dueñas y la producción de Juan Manuel Osorio. El enfoque privilegia la interpretación en vivo y la interacción entre músicos como núcleo expresivo.
El álbum está integrado por cinco temas —Menhir, Tam tam I, Dolmen, Eli y Mandharas— que fueron masterizados por Stefano Pizzaia con miras a una futura edición en vinilo. La decisión de preservar la crudeza de las tomas y evitar una mezcla convencional responde al mismo principio que atraviesa todo el proyecto: sostener una relación más directa con el sonido, el tiempo y la escucha, como parte de una conversación cultural más amplia.
