Viajar en temporada alta suele ser sinónimo de aropuertos saturados, calles repletas y destinos que alcanzan su punto máximo de visitantes. Sin embargo, cada año crece con más fuerza una tendencia opuesta: viajeros que buscan cerrar el año lejos del ruido, en lugares donde el tiempo avanza más despacio y la experiencia se vive sin prisas. Son personas que priorizan la calma, el contacto con la naturaleza y la autenticidad cultural por encima de los checklists turísticos.
De acuerdo con las millones de reseñas de su comunidad global, Booking.com identificó una serie de destinos ideales para quienes quieren despedir el año sin multitudes, pero con paisajes memorables, buena gastronomía y alojamientos con carácter. Rincones donde todavía es posible caminar sin empujones, sentarse a la mesa sin filas interminables y disfrutar de vistas extraordinarias sin competir por una fotografía.
Uno de esos lugares es Cangas del Narcea, una versión silenciosa y auténtica de la Navidad europea. Rodeado de valles verdes, bosques profundos y bodegas familiares, este pueblo asturiano invita a refugiarse del invierno entre platos de fabada, caminatas pausadas por el Parque Natural de las Fuentes del Narcea y tardes sin reloj. Es un destino pensado para bajar la guardia y reconectar con el placer de viajar despacio.
En el Atlántico, São Miguel ofrece una experiencia natural casi sin espectadores durante diciembre. Lagunas volcánicas, piscinas termales al aire libre y carreteras que bordean acantilados crean un escenario perfecto para quienes buscan silencio, paisajes dramáticos y una sensación de aislamiento reparador. Aquí, la desconexión no es un lujo, es parte del paisaje.
Más lejos, en el sudeste asiático, Luang Prabang se presenta como un destino donde la serenidad es la norma. Templos budistas, rituales matutinos junto al río Mekong y calles tranquilas hacen de este lugar un refugio para cerrar el año con introspección y respeto por los ritmos locales. En diciembre, su clima seco permite recorrerlo a pie y disfrutar cada momento sin apuro.
Para quienes buscan Caribe sin excesos, Bacalar es una alternativa cada vez más valorada. Su famosa laguna de los siete colores, la vibra bohemia del pueblo y la ausencia de grandes multitudes convierten este destino en un espacio ideal para remar al amanecer, nadar en cenotes o simplemente dejar que el día pase frente al agua, sin agendas rígidas.
Finalmente, Ljubljana se consolida como una joya discreta en Europa Central. En diciembre, sus mercados navideños de escala humana, su casco histórico peatonal y el reflejo de las luces sobre el río crean una atmósfera íntima y acogedora. Es una ciudad perfecta para explorar a pie y, al mismo tiempo, una excelente base para escapadas invernales a paisajes alpinos cercanos.
Estos destinos confirman que cerrar el año no siempre significa ir más lejos o hacer más cosas. A veces, la mejor ruta es aquella que permite perderse a gusto, escuchar el entorno y empezar el nuevo año con la mente liviana y el recuerdo de un viaje vivido sin prisa.
