El sistema de pagos inmediatos Bre-B, lanzado por el Banco de la República en julio de 2025, avanza con una velocidad comparable al fenómeno de PIX en Brasil. Con más de 35 millones de llaves registradas y 14,5 millones de usuarios activos en menos de tres meses, la adopción del servicio muestra una transformación sin precedentes en la manera en que los colombianos envían y reciben dinero. Sin embargo, este crecimiento acelerado trae consigo un reto mayor: la seguridad digital y la capacidad de los usuarios para reconocer y evitar fraudes.
Bre-B permite realizar transferencias interoperables en cuestión de segundos, disponibles las 24 horas y los siete días de la semana, con llaves asociadas al número de celular, cédula, correo o una clave aleatoria. Su objetivo es reducir el uso del efectivo, aumentar la inclusión financiera y ofrecer un mecanismo seguro y económico para personas y comercios. La simplicidad del sistema ha impulsado su rápida adopción, integrando a más de 170 entidades financieras entre bancos, cooperativas y fintechs.
Las experiencias internacionales ofrecen lecciones útiles. Brasil logró un caso de éxito con PIX gracias a su obligatoriedad, su gratuidad y una intensa estrategia educativa. Por el contrario, México enfrentó dificultades con CoDi, que nunca logró masificarse debido a la falta de incentivos comerciales, baja comunicación y escasa integración bancaria. Colombia parece ubicarse en un punto intermedio: adopta las mejores prácticas de PIX, mientras avanza con una estrategia gradual que busca evitar los problemas del sistema mexicano.
Pero el crecimiento trae también riesgos. La inmediatez de Bre-B ha despertado el interés de redes criminales que aprovechan fallas humanas y tecnológicas. Los fraudes más comunes en Colombia incluyen phishing y smishing con mensajes falsos que simulan notificaciones del sistema; páginas fraudulentas que capturan datos sensibles; intentos de duplicidad de llaves; aplicaciones apócrifas en tiendas no oficiales; y el uso de “cuentas mula” para mover dinero ilícito. Estos patrones ya han sido observados en Brasil con el “golpe do Pix”.
Protegerse comienza por elegir la llave adecuada. La cédula es fácil de recordar pero expone datos sensibles; el número de celular es práctico, pero vulnerable al smishing y al SIM swapping; el correo electrónico depende de la seguridad del email; y la llave aleatoria es la opción más segura, al no contener información personal. Para operaciones con conocidos, celular o correo pueden funcionar; para ventas, pagos con desconocidos o transacciones en línea, la llave aleatoria es la recomendación central.
Las recomendaciones básicas para los usuarios incluyen registrar llaves únicamente en canales oficiales, verificar el nombre del destinatario antes de enviar dinero, activar notificaciones automáticas, evitar operaciones en redes públicas, proteger el celular con autenticación biométrica y no prestar cuentas bancarias bajo ninguna circunstancia. Los delincuentes suelen operar bajo presión emocional, por lo que desconfiar de la urgencia es una regla fundamental para no caer en engaños.
Por su parte, las entidades financieras y fintechs deben fortalecer sus mecanismos internos. Esto implica monitoreo transaccional en tiempo real, autenticación multifactor, bloqueo temporal de operaciones sospechosas, identificación de cuentas muleto, campañas educativas personalizadas y simulaciones internas de ingeniería social. El uso ético y auditable de inteligencia artificial es clave para prevenir sesgos y garantizar confianza en los sistemas de detección.
El futuro de Bre-B dependerá de un factor esencial: la confianza del usuario. Si Colombia logra equilibrar velocidad con seguridad, el sistema podría convertirse en un pilar de la inclusión financiera y un motor de modernización para el país. La experiencia internacional demuestra que la tecnología solo resuelve la mitad del problema; la otra mitad la construye una ciudadanía informada, prudente y consciente de los riesgos. Bre-B puede transformar la forma de pagar, siempre y cuando los colombianos aprendan también a blindarse en la era digital.
Sección
Economía
